María Bueno y el milagro constante

Pintora, dibujante, ilustradora, escultora, artista urbana y hasta escritora, la malagueña María Bueno lleva más de un lustro dedicada a difundir su creación artística, inscrita dentro de un estilo que podríamos denominar (de forma sin duda generalista) naïf y, por tanto, llena de una frescura y una emoción propias del entusiasmo, la ilusión, la espontaneidad, la naturalidad y la autenticidad de los niños.559151_10151079279479781_738457643_n

Semejante afirmación, empero, no debe llevarnos al prejuicio de suponer que sus trabajos son meras improvisaciones o que su producción sea ajena a cualquier contenido trascendente o dramático. Más bien, todo lo contrario; creadora infatigable y concienzuda, se dedica diariamente a su obra de forma disciplinada y honrada, consciente, como ella misma afirma, de que sólo así puede ir creciendo artísticamente y, por tanto, ofrecer lo mejor de sí misma. Además, sus creaciones tienen una expresa raíz autobiográfica. En ellas, hilvana historias a medio camino entre la ficción y la realidad, a través de las cuales llegar al punto de revelación significativa, de instante recobrado y purificado de todo lo accesorio; bien sea ello una estética preciosista, amanerada o realista, bien un materialismo feroz, acrítico y globalizado, que olvida el sentido inmanente de la vida y desdeña las raíces étnicas y folclóricas del arte y de la cultura: la verdad universal de comunión humana subyacente en nuestro corazón y nuestra mente. A este respecto, vale la pena citar su primera exposición en solitario, El día que me murieron (2006), con pequeñas joyas como “El trenzado” o “La luciérnaga”.

Maria_Bueno,_El_trenzado,_2009

Lúcida y consciente, por otro lado, de su realidad social, Bueno viene desarrollando un proyecto artístico-social en su ciudad, con la recuperación de zonas degradadas de la misma mediante pinturas sobre fachadas, paredes o muros, una iniciativa que cuenta con la participación activa de los ciudadanos. Con frecuencia, dichos murales tienen un contenido altamente humano y didáctico, como la necesidad de eliminar la violencia de género, el fomento de la educación, etc., lo que demuestra la mirada nada ingenua o banal de la autora sobre los grandes temas de preocupación intelectual.

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Formada en Toulouse, California y las Islas Canarias, las obras de Bueno revelan el eclecticismo de una artista fiel a una visión esperanzada del mundo, arraigada a su entorno, y consciente, por tanto, de sus problemas, pero dispuesta a sublimarlo; la influencia de su tierra, del mar y del sol, del paisaje mediterráneo, se hace patente en el gusto por los colores luminosos e intensos de sus trabajos, como el amarillo o el magenta, y en el dinamismo y la simplicidad, la ejecución buscadamente imperfecta, de sus formas, todo ello evocaciones del ambiente cálido y abierto de su patria chica. Sin embargo, también bebe del aliento trágico del expresionismo, su impacto visual lacerante y contundente, donde las personas son reducidas a sus rasgos mínimos, a sus gestos y emociones, así como del simbolismo de las pinturas surrealistas, integradas por paisajes ajenos aunque reconocibles, alienígenas, que paradójicamente definen y explican, complementan y redimen, a los seres humanos. Asimismo, no es difícil rastrear en sus obras influencias del arte primitivo (empleando el epítome en el sentido más positivo, telúrico, del término), yendo desde el africano hasta el hispanoamericano y el latino. Y en cuanto a nombres concretos, sus obras plásticas evocan los dibujos de otro andaluz versátil e ilustre, García Lorca, las pinturas de las –no por casualidad– mejicanas Leonora Carrington, Remedios Varo y Frida Kahlo, el proyecto muralístico de Monica Nador…

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Adentrarse, pues, en el mundo de María Bueno significa poner un pie en una realidad mágica, que intenta ser optimista a pesar del dolor o la soledad, de la injusticia o del rechazo, que expone con humildad y respeto, pero sin mojigatería o falso recato, vivencias, deseos y frustraciones, que conmueve al espectador desde la sencillez y la honestidad, que sabe expansionarse más allá de los límites de la pintura o el dibujo, para imbricarse con el cine (Kim Ki-Duk, Atom Egoyam, Abbas Kiorastami…), el vídeoarte y las instalaciones (Pippilotti Rist, Sarah Sze…), el cómic en general, la literatura (Mia Couto, Bernard-Marie Koltès…), la danza (Sidi-Larbi Cherkaoui) o la música (PJ Harvey, Björk…). Adentrarse en la obra de María Bueno es reencontrar, en fin, la mirada primigenia del milagro constante de la vida.

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