Animaladas humanas: “El elefante” de Slawomir Mrozek

Pese a ser un autor poco traducido al castellano, Slawomir Mrożek es uno de los escritores polacos vivos con mayor proyección internacional. Iniciado como periodista y dibujante satírico, adquiriría fama y prestigio como dramaturgo y cuentista, en una trayectoria similar a la descrita en nuestro país por Rafael Azcona, también marcado por una dictadura y por el genio para criticarla desde el humor negro, si bien el autor riojano evidenciara sus raíces españolas (y, por tanto, tuviera un tono realista, escatológico, desgarrado y esperpéntico) e hiciera del cine, y no del teatro, el medio para representar sus escritos; las páginas de Mrożek, en cambio, están traspasadas de un humorismo de estirpe eslava, asentado en la inversión surrealista y en la reducción al absurdo de los cimientos psicológicos, sociales y culturales de su realidad, una alteración jocosa y crítica del mundo heredera de Gógol, de los ilustres maestros checos cultivadores de la ironía (Hašel, Čapek…) y de otros escritores de su misma nación como Wiltold Gombrowicz.

Slawomir Mrozek por Brzozowski Tadeusz

El volumen El elefante, publicado por Acantilado/Quaderns Crema en junio, sin llegar a los niveles de comicidad del espléndido La vida difícil, vuelve a ser una nueva muestra de su estilo depurado, preciso y analítico, aparentemente frío y distante, pero cargado de un sarcasmo crítico y de un sentido de lo surreal que propician una lectura ágil y entretenida a pesar de la visión ontológica última que trasmiten sus historias, nada halagüeña. En realidad, los cuarenta y dos relatos contenidos en el libro pueden verse como diagnósticos clínicos de la estupidez humana, ante la cual Mrożek adopta una posición, a veces entrañable y hasta ternurista (v. gr. “Sobre el párroco y la banda de bomberos”), otras cruel o irritada (v. gr. “Peer Gynt”), y a menudo completamente desconcertada, de un extrañamiento alienígena, sideral, próximo al de Boris Vian o Samuel Beckett (v. gr. “La vida contemporánea”), con el cual constatar que es la estulticia, más que un “mal” de origen bíblico o social, la fuente de los grandes problemas de la existencia.

ELEFANTE

Junto a ello, y según es costumbre en las páginas del autor, los cuentos que conforman El elefante están traspasados de múltiples, aunque raramente explícitas, referencias intelectuales (a la filosofía, a la literatura, al arte, a la ciencia…), lo que obliga al lector a estar bien armado culturalmente para poder comprender en toda su profundidad –y complejidad– la sutileza satírica de su prosa, por otro lado impregnada de un hálito poético que surge de las situaciones más deleznables o absurdas y que es un contrapunto al pesimismo de fondo que sustenta sus escritos, como un canto a la libertad en tanto forma depurada de la vida y auténtico motor de la misma. A este respecto, son paradigmáticos cuentos como “Pena”, “La primavera en Polonia” o el que da título a la compilación.

Elfante contracubierta

Como suele acontecer con todos los grandes creadores del humor negro, la lectura de las obras de Slawomir Mrożek divierte e incomoda a partes iguales, pues sus pullas son dardos dirigidos a los valores (incluso a los aparentemente positivos) que articulan nuestro mundo y, por ende, a nuestra misma condición humana. En tanto que seres sociales con la necesidad, más que con el anhelo, de interactuar y relacionarnos, el gregarismo, tan fomentado por el régimen comunista que marcó la formación de Mrożek, es el eje que aglutina sus narraciones, bien se trate de recoger cómo se articula, bien de su proceso de asimilación o, incluso, de los resultados, tampoco positivos, de oponerse a él. No deja de ser coherente que la masa, el colectivo, sea para el escritor polaco la culminación de cada una de las idioteces individuales, la expresión más perfecta de las limitaciones que carga consigo el hombre y la comunidad que éste conforma. De ahí que, no por casualidad, buena parte de sus cuentos graviten en torno a un animal (v. gr. “La jirafa”, “El león”, etc.), como si de un bestiario o de un fabulario moral se tratara.

Slawomir Mrozek 2

Adentrarse en El elefante supone, pues, descubrir una de las plumas más agudas de la literatura contemporánea, sumergirse en una distorsión de lo convencional, de lo establecido, sentir sacudirse nuestra conciencia, quizás abotargada por nuestros apriorismos y celebrar, en fin, la sana necesidad de ver la realidad desde una nueva perspectiva, provocadora, inquietante y reveladora como las pinturas de René Magritte.

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